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Escrito por Pietro
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lunes, 13 de noviembre de 2006 |
Me presentaré.
Soy alguien como usted y como él; un transeúnte que pasaba por aquí recopilando información con el objeto de hacer un poco de turismo; y desde luego he encontrado algo que no esperaba... Aún me encuentro atónito, perplejo, y sí; un tanto entristecido.
Amigos; he tenido el placer d
Me presentaré.
Soy alguien como usted y como él; un transeúnte que pasaba por aquí recopilando información con el objeto de hacer un poco de turismo; y desde luego he encontrado algo que no esperaba... Aún me encuentro atónito, perplejo, y sí; un tanto entristecido.
Amigos; he tenido el placer de leer una carta que, no importa dónde y cómo fuese escrita; era nacida desde lo profundo de un alma invadida por la melancolía y la contradicción.
Estas cosas suceden cada día; ocurren en las películas, al vecino de arriba, y tal vez en alguna ocasión a todos nosotros nos haya ocurrido; al fin y al cabo se trata de la vieja lucha entre sentimiento y razón. Pero no sé por qué en concreto este asunto ha captado especialmente mi atención.
Como muchos habrán podido deducir por el título de mi escrito, me estoy refiriendo a un artículo anterior creado por "Elemento", y titulado "¿Avanti Tutti?...esa mirada...me lo impide".
Pero, ¿Qué necesidad tengo yo -pensarán ustedes- de gastar mi tiempo en estas cosas? Pues sencillamente, señores míos, porque me ha conmovido enormemente.
No sé si fueron las metáforas, no sé si algún recurso nuevamente inventado... El caso es que cuando este señor habla de Ella, sólo llena mi mente la exaltación de la alegría y la paz que el amor provoca; sólo me traen sus palabras del alma recuerdos adormecidos de momentos felices ya pasados, e ilusiones venideras llenas de esperanza. Cuando él La describe sólo puedo estremecerme ante la visión de un ser celeste; cuya luz irradia los días transformada en dos soles verdes, inmensos y cálidos...
En fin... Qué triste placer el de este amor, resignado ya antes de existir...
Amigo mío, yo no te conozco, ni conozco tu situación, y perdonarás que me meta en tus asuntos, pero no sería una buena persona si no te diera este humilde consejo. La vida sólo nos da unas pocas oportunidades; si no nos aventuramos al tiempo que van llegando, esas ya las perdemos y no volvemos a tenerlas jamás. Hay un dicho griego que dice que la Fortuna favorece a los valientes. Siempre me llevé bien con los griegos...
Los que quiero decir, en definitiva, es que te agarres a este tren fuertemente y no dejes que pase de largo sin subirte. No sabes hacia dónde va; eso es cierto, pero ¿acaso no vale más la pena arriesgarte a ganar un paraíso, que soñar tristemente el paraíso que nunca sabrás si tendrás, y culparte además por no haberlo intentado?... Tal vez te lleve el tren a un desierto. ¿Y qué importa? La vida sigue y todo irá bien; ese no era tu tren, pero al menos ya lo sabes, ¿no es así?
Y a esa chica que nunca sabremos si llegará a leer tu carta de amor, sólo puedo decirle que se atreva y se arriesgue igualmente, porque siempre en situaciones como esta merece la pena hacerlo. Es mi mejor consejo. No os arrepentiréis, de veras.
Un cordial saludo a todos vosotros, y en especial a estas dos personas que han aportado un breve (pero intenso) toque de romanticismo a todas nuestras vidas, y de algún modo nos han hecho reflexionar y estar agradecidos por todo cuanto tenemos, y seguro que ahora tenemos muchas más ansias de mantenerlo o encontrarlo.
¡¡¡Hasta siempre!!!
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